El “pensamiento crítico” ha muerto. ¿Para qué tener una capacidad de analizar la información de manera más objetiva, si ahora las máquinas lo hacen mejor que las personas? Ellas (las máquinas) tienen todos los datos, menores sesgos, ven más allá de lo evidente con mayor consistencia en las respuestas y parecería que hacen una evaluación más independiente. Esto se puede ver como algo negativo, pero se convierte en una gran ventaja para la humanidad (si es que se logra ver). En la aldea global, todavía, (no sabemos hasta cuándo porque se siente más polarización), triunfarán los que elijan cosas distintas. Los que sean capaces de hacer las preguntas correctas y construir “recetas” impensadas.
Veamos esto más de cerca. Antes todo era más limitado: un territorio, dos productos, un acceso a los libros de la biblioteca y el consejo del “sabio del pueblo”. La revolución del Internet amplió la frontera. Muchos podían extraer información y convertirla en conocimiento a través del cuestionamiento, razonamiento, evaluación y conclusiones más o menos fuertes. Ahora, ese trabajo está en manos de una inteligencia artificial (IA) cada vez más inteligente, con capacidades altas de razonamiento y con una ventaja: las personas le hacemos caso ciegamente, aceptando la primera respuesta.
Los maestros sufren, las organizaciones sufren y la sociedad sufre. Las posibilidades son infinitas con la inteligencia artificial, pero nuestro sistema inmunológico nos lleva a defender los viejos paradigmas y es complejo de vencer. Hay resistencia a cambiar el diseño de la estrategia y a reinventar la forma de enseñar. La empatía hacia los otros sigue siendo débil, la creatividad ha quedado en manos de ChatGPT, la intuición es menos intuitiva y somos poco consistentes porque no sabemos a dónde queremos ir.
Elegir cosas distintas significa primero juntar los fragmentos. Las mentes individuales deben unirse para hacer super-mentes. Divergencia de pensamiento que luego convergen en algo más potente, suficiente e innovador. Esto cuesta en las organizaciones y en la vida. El ego ha subido y la capacidad de escucha ha disminuido. La colaboración no alcanza. Se trata de conectar a un nivel de virtudes, interacciones y maestría emocional. Los que lo logren tienen la configuración ganadora. Los que no logren “enchufar” estas super-mentes trabajando en una mesa redonda seguirán sobreviviendo con su vieja estrategia conocida, esa que no sirve para enfrentar el futuro.
La oportunidad es mayor. Súmele inteligencia artificial a la capacidad de generar ideas de las super-mentes y el resultado es super-creatividad. Si las super-mentes logran diseñar una estrategia diferencial con algoritmos de IA van a conseguir super-competitividad. Si al conocimiento conjunto de las personas le aumenta tecnología tiene super-conocimiento; y, si al liderazgo de las super-mentes lo combina con las posibilidades de la inteligencia artificial, la organización va a llegar a un estado de super-consciencia con una cultura organizacional que mire los desafíos futuros sumando seres humanos y máquinas.






