Para lidiar con el miedo y la ansiedad que provoca pensar en el futuro, las empresas —y las personas que las conforman— hemos perfeccionado la técnica de la evasión.
El refugio en el desgaste cotidiano
Esta evasión no siempre es evidente, pero se manifiesta cuando:
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Estrategia postergada: No queremos sentarnos a diseñar una estrategia real.
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Resistencia al cambio: Posponemos el cambio que ya resulta evidente.
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Operativa cegadora: Nos ahogamos en el desgaste del día a día para no afrontar lo importante.
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Culpabilidad externa: Culpamos a la competencia como un mecanismo de consuelo para sentirnos mejor.
¿Hay alguien ahí dentro?
La única forma de romper con este círculo vicioso es detenerse. Se requiere asumir la cualidad humana de la imperfección para sentarse a pensar con claridad y diseñar, desde el presente, el camino hacia el futuro.






