Ser un adivino deforma el juicio crítico y la visión de cambio. Si la vida consiste en tratar de hacer pronósticos con tanta incertidumbre, las consecuencias pueden ser peligrosas:

1. Parálisis ante el optimismo

Se corre el riesgo de dejar de intentar una estrategia diferente si el pronóstico es positivo, cayendo en la autocomplacencia del momento.

2. Abandono estratégico por temor al costo

Se deja de lado la estrategia cuando el panorama es negativo, bajo la falsa creencia de que no se podrán recuperar los costos invertidos.

3. Ceguera ante la innovación

La innovación se vuelve inexistente porque los éxitos del día a día sobreestiman la perspectiva de éxito en el corto plazo. Aquí, los pronósticos —sean buenos o malos— ni siquiera entran en el radar.

4. Rigidez en la adopción tecnológica

La adopción de nueva tecnología no logra ser parte de la cultura organizacional simplemente porque no está en el roadmap, aun cuando los pronósticos afirmen que es indispensable para el crecimiento futuro.

No existen certezas, sino probabilidades. Por lo general, no nos gustan las probabilidades y caemos en el error de pensar que los pronósticos son una verdad infalible.

No-thinking. No-phone. No-drugs.

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